No puedo ignorar estos dos pensamientos que tuve hoy yendo a la facu. Porque ni estando apurada debido a una impuntualidad terrible, la boludéz se toma el atrevimiento de hacerse a un lado; insiste en cruzarse por tu mente en todo momento, incluso cuando solo tendrías que estar pensando una disculpa para decir al llegar.
Paraguas
"Salimos de la boca de subte como pequeños cazadores que preparan sus armas, las apuntan y luego disparan al cielo abierto."
Mentira, no pensé eso.
"Salimos del subte como con pequeños paracaídas, abiertos todos a la vez. Y aterrizamos en la ciudad mojada protegidos por nuestro velo. Qué divertido."
Spiderman
"No puedo bajar más estas escaleras. Debería haber una roldana (hasta miré hacia arriba en esa fracción de segundo como planeando ya una obra). No, ya sé: me tiro desde el primer escalón hasta el suelo con la esperanza de descubrir en el aire un superpoder como el del hombre araña y aterrizar no con un brazo roto o un pie dislocado, luego el llanto y las risas ajenas, sino con un salto fino que me deslice a la... terminal de tren? oh, Los Inrockuptibles... cuánto es?"
martes, 13 de abril de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Cuento
Había una vez un colegio de mierda con docentes de mierda que no gastaban ni un 0,5% de su voluntad para crear un acto escolar.
Era fin de año y su creatividad las llevó a representar un pesebre viviente, habrán pensado: "Será emotivo; disfrazaremos a los infantes de animalitos y de José y Maria. Los padres primerizos enjuagarán una lágrima y pensarán que nunca antes este acto se había hecho en el establecimiento, muajajaja". Como mi apellido es último siempre en las listas, razón por la que me quedo afuera de toda repartija: sin lugar en el micro, sin compañero de baile, o bien porque de chiquita era aún menos participe de la sociedad que ahora, odiaba hablar, tenía temor a hacer las cosas mal pero al mismo tiempo al pasar tanto tiempo con gente más grande en mi real life creía que el resto eran idiotas y algún día les llegaría la sabiduría pero no sería gracias a mí, me dieron el papel de buey. Acaso, ¿no sabías que había un buey en el pesebre?. Yo, tampoco. Ni mi mamá que me tuvo que idear un traje, ni todos aquellos que se burlaron cariñosamente. Finalmente el día del acto llegó y por alguna estúpida razón autorizada por una estúpida madre y una estúpida señorita el niño jesús era protagonizado por un ruidoso bebé de más de un año, sí, gordo y enorme. Pero no tanto como aquel de salita naranja cuando yo era abanderada gracias al cielo: San Martín era un nene bastante corpulento y el burro de San Martín (a.k.a caballo blanco y triunfante) era el pendejito más desnutrido. Nada, una anécdota que me hacía cagar de risa, hasta hace un tiempo, cada vez que veía a uno de esos pibes haciendose el capo. Gracias a la moon of Alabama no recuerdo más que eso y mi entrada, por Dios: vestía un mameluco marrón y unos cuernos blancos que se me caían, con seguridad podría decir que a la gente le resulté tierna pero, queridísimo lector, en esa interminable caminata desde la entrada hasta el lugar del pesebre (maldita costumbre de organizar una escenografía SMALL en un escenario XXLL) descubrí y comprendí sin conocer o haber escuchado alguna vez el significado de lo bizarro.
Era fin de año y su creatividad las llevó a representar un pesebre viviente, habrán pensado: "Será emotivo; disfrazaremos a los infantes de animalitos y de José y Maria. Los padres primerizos enjuagarán una lágrima y pensarán que nunca antes este acto se había hecho en el establecimiento, muajajaja". Como mi apellido es último siempre en las listas, razón por la que me quedo afuera de toda repartija: sin lugar en el micro, sin compañero de baile, o bien porque de chiquita era aún menos participe de la sociedad que ahora, odiaba hablar, tenía temor a hacer las cosas mal pero al mismo tiempo al pasar tanto tiempo con gente más grande en mi real life creía que el resto eran idiotas y algún día les llegaría la sabiduría pero no sería gracias a mí, me dieron el papel de buey. Acaso, ¿no sabías que había un buey en el pesebre?. Yo, tampoco. Ni mi mamá que me tuvo que idear un traje, ni todos aquellos que se burlaron cariñosamente. Finalmente el día del acto llegó y por alguna estúpida razón autorizada por una estúpida madre y una estúpida señorita el niño jesús era protagonizado por un ruidoso bebé de más de un año, sí, gordo y enorme. Pero no tanto como aquel de salita naranja cuando yo era abanderada gracias al cielo: San Martín era un nene bastante corpulento y el burro de San Martín (a.k.a caballo blanco y triunfante) era el pendejito más desnutrido. Nada, una anécdota que me hacía cagar de risa, hasta hace un tiempo, cada vez que veía a uno de esos pibes haciendose el capo. Gracias a la moon of Alabama no recuerdo más que eso y mi entrada, por Dios: vestía un mameluco marrón y unos cuernos blancos que se me caían, con seguridad podría decir que a la gente le resulté tierna pero, queridísimo lector, en esa interminable caminata desde la entrada hasta el lugar del pesebre (maldita costumbre de organizar una escenografía SMALL en un escenario XXLL) descubrí y comprendí sin conocer o haber escuchado alguna vez el significado de lo bizarro.
domingo, 14 de febrero de 2010
No sé
No sé en qué momento me empezó a gustar Kasabian.
No sé en qué momento me compré sus dos primeros discos compactos. Sé que me salieron dos mangos. 20p por los dos, para ser más exacta.
No sé en qué momento le rompí la tapa a uno o si es que me lo dieron así.
No sé en qué momento me compré una armónica impulsada por el video de LSF.
No sé por qué nunca aprendí a tocar algo de Tom. ¿Quién quiere tocar a Tom?, ¿quién puede tocar a Tom?. Toquemos a Sergio Pizzorno y su cara de "zorro", es a lo que las abuelas llamarían "cara de zorro". La abuela de alguien, obviamente. Yo no tengo abuelas.
Pity Álvarez no escribió esto.
No sé en qué momento me compré sus dos primeros discos compactos. Sé que me salieron dos mangos. 20p por los dos, para ser más exacta.
No sé en qué momento le rompí la tapa a uno o si es que me lo dieron así.
No sé en qué momento me compré una armónica impulsada por el video de LSF.
No sé por qué nunca aprendí a tocar algo de Tom. ¿Quién quiere tocar a Tom?, ¿quién puede tocar a Tom?. Toquemos a Sergio Pizzorno y su cara de "zorro", es a lo que las abuelas llamarían "cara de zorro". La abuela de alguien, obviamente. Yo no tengo abuelas.
Pity Álvarez no escribió esto.
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