jueves, 12 de abril de 2012

BRMC lanza vinilos de Howl y Howl Sessions. Si están fuera de tu alcance podes consolarte con una colección de audios publicada por sus fans



Si no tenes un mango para comprarte los álbumes Howl y Howl Sessions que saldrán en versión vinilo el 21 de este mes; o si sos afortunado y ya los encargaste, podes entretenerte hasta la fecha con horas de presentaciones en vivo de Black Rebel Motorcycle Club al alcance de tu dedo índice.
A modo de apertura de año (sí, en abril) a la creadora de este blog (que le encanta hablar en tercera persona) se le ocurrió compartir una compilación de oro puro dedicada a todo aquel fanático loco de los de negro.
La colección publicada en la página creada por los fans de BRMC abarca el período de presentaciones 2002-2011 e incluye los audios del recital de la banda en el  Festival Quilmes Rock 2008, la entrevista que dieron en el programa Day Tripper de la radio Rock & Pop en 2011 y la primera fecha en Niceto Club en el marco de su última visita a Buenos Aires.




No será el vinilo de, al entender de muchos, uno de los mejores cds de BRMC, no traerá la canción inédita Heaven, ni vendrá con una portada especial, una funda desplegable doble o una remera de regalo, pero es un buen antídoto para calmar, por lo menos por un rato, las ansias de una nueva gira por estos pagos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Músico y compositor: para nosotros, el profe Monk

"Él llega al aula con un cuadernillo y un cassette, y dice: 'Chicos, este va a ser su material de trabajo' ", así nos describía una chica un año mayor que nosotros al profe de música de octavo y noveno grado de mi colegio. "¡Y a fin de año te toma una prueba de 80 preguntas!", nos intentaba sembrar miedo Cecilia en el recreo, y lo lograba. La profe de música que teníamos en ese momento había sido la misma desde primer grado y su repertorio de canciones a interpretar durante las clases y en cada acto escolar iba desde Huachi Torito a Vírgen de la esperanza. Y listoSu nombre era Ruth y todos decíamos que se pintaba los labios en el bondi porque aparecía siempre con los dientes rojos. Tenía el pelo corto, usaba unas gafas culo de botella y un guardapolvo blanco, aún cuando en mi colegio eso no se había implementado en los docentes. Me acuerdo que en el primer día de clases me corrigió una carátula en la que su nombre estaba mal escrito, algo que me traumó de por vida; no me gustaba que me corrigieran y menos con rojo, y menos en una caratula -que por ese entonces, con seis años, era lo único bueno que sabía hacer-. 
Llegamos a octavo, un salón improvisado con los ventiladores rozando nuestras cabezas a causa del traspaso de todos los cursos al turno mañana, o algo así. Era el año de los cambios obligados por "una medida de arriba" de compañeros de banco, de las agarradas de mechas entre mis compañeras, de las amenazas del tipo "yo me cambio de este colegio careta a uno más piola" y de la revolución de hormonas, en los pibes más que nada, que le miraban por debajo de la pollera a las chicas con un espejito en el pie. Pero lo que más recuerdo de ese año horrible son las clases del nuevo, para nosotros, profe de música, Sebastián Monk. Hasta ese momento el único "profe piola" que habíamos tenido era el de plástica, un grande; la tenía tan clara que nos adelantaba lo que íbamos a vivir en esa clara edad del pavo, tal es así que un día nos empezó a caer mal. Era la edad de odiar a los adultos. Después de un tiempo lo entendí a Juan Carlos, el de plástica, y me enamoré, pero esa es otra historia.
El nuevo profe de música nos daba ópera. Al principio, cuando nos hacía solo escuchar las diferentes arias en silencio, nos tentábamos de la risa de pendejos boludos que eramos. Después, ya eramos 30 fans más de la música clásica. Y no jodo. Las pruebas nos salían solas, aunque siempre había uno que otro que no daba bola ni aunque estuviese el mismísimo Verdi dando clase. A esos pibes Monk les pedía, haciéndose el desinteresado, que le nombraran un cd, los pibes le nombraban uno de Green Day y él explicaba: "Boulevard of broken dreams sería el aria, American idiot (a la que pronunciaba aidiot), la ópera a la que corresponde", y los pibes se hacían los boludos pero quedaban fascinados. 
Yo al profe Monk lo veía como a un chabón grande en todos los sentidos; tenía marcas en la cara que nunca supe si eran huellas de la vida o cicatrices de algún sarampión; su altura le daba una ternura inexplicable que, muy a pesar de sus raras camisas noventosas, lo rejuvenecía. Por lo menos dos de mis compañeras estaban enamoradas de él. Yo estaba enamorada de sus clases, que incluían dibujos de tipitos hechos con palitos para narrar historias de ópera ambientadas al 2000 al mejor estilo Romeo y Julieta por Leo Di Caprio en NYC, de sus "1, 2, 3, ooh" antes de dar play a un audio y de su talento para hacernos llorar de la risa, después comprobable en sus diferentes shows en vivo. A fin de ese año el profe se fue a Alemania, para nosotros, un país que solo figuraba en libros y en sus anécdotas. Cuando volvió estaba agrandadísimo -esto sería gracioso si lo conocieran; el chabón medía un metro cincuenta- nos dijo que, a pesar de su ausencia de un mes, veníamos bien con la materia. No sé a qué iba con esto pero me acordé que una amiga, mitad en broma y mitad verdad, decía que se iba a llevar la materia a propósito para tener más clases con él en diciembre. Posta.
Finalmente llegó noveno, nuestra utopía más allá de toda esa boludes de viaje a Córdoba, buzos y bandera de egresados. Ese año el profe Monk nos iba a dar la historia del rock. Pero nos cagó y dejó la enseñanza para meterse de lleno con su banda. Nos pusieron de suplente a Pablo, un pobre pibe que padecía cada día de su vida desde que entraba hasta que salía de nuestra aula. Pablo era un pseudo hippie fan de Árbol que se creía que teníamos cinco años. Era un boludo que nos hacía cantar Sumo mientras nosotros queríamos escuchar acerca de Elvis Presley. En realidad, hiciera lo que hiciera lo ibamos a odiar. Queríamos a Monk, sabíamos que nos estábamos perdiendo a un especialista en talk shows al frente del curso. ¡Pobre Pablo!, no merecía que mis compañeros le hicieran mierda las ollas que había traído de su casa para que improvisáramos sonidos nuevos.

Invitaciones a los shows del profe Monk y publicidades de sus discos.  
En fin, Monk siempre nos había invitado a sus shows y jodía diciendo que el que fuera iba a tener un diez en el trimestre, así que un día que no lo pudimos extrañar más nos mandamos a una de sus presentaciones en el Centro Cultural de Adrogué. En frente del lugar, donde había una cola de una cuadra, estaba el profe de plástica fumándose un pucho. Juan Carlos nos saludó con la mano y fue ahí cuando nos dimos cuenta de que nada era como en el colegio. Con mi amiga no podíamos creer la cantidad de gente que conocía a nuestro profe, la cantidad de risas que se escuchaban y la cantidad de aplausos que resonaban cuando interpretaba cada una de las canciones de sus discos Prueba y error, Lo menos, Tinte local y El buen modo. Ya de más grande, tuve que hacer una entrevista a un artista para la facultad y vi en eso la mejor excusa para, básicamente, volver a verlo. Pero en la facu me pedían alguien que hubiese sacado su obra dentro de ese mes y el profe todavía estaba grabando su último disco Canciones con nombre de niño. Así que nunca le hice la nota. Nunca le pude confesar que mi amiga y yo tenemos dos discos suyos que nos afanamos del colegio porque sabíamos que iban a estar en el cajón de sala de profesores hasta pudrirse, nunca le dije que era mi caballito de batalla a la hora de hablar de un profe en los writing de inglés, nunca le dije que lo único que perjudicaba a su imagen era su obsesión por María Elena Walsh, que había sido el mejor profe del mundo, que logra que me ponga cursi al hablar de alguien más y que es y será una influencia para cada uno de estos pibes que aprendió, algunos por un rato y otros para siempre, a amar la música clásica, a tratar todo con humor y a rescatar lo lindo de cada persona y cada canción.


Uno de los discos que tomamos prestados para siempre con mi amiga. Nadie nos vio. Ella tiene La flauta mágica. Ninguna salió perdiendo. Ojalá la directora no lea esto.









viernes, 11 de noviembre de 2011

Dos noches negras más y van...


Remeras negras, camperas de cuero, cabellos mojados y rostros desolados. De este modo quedaban los fans de Black Rebel Motorcycle Club luego del cuarto y quinto concierto de la banda en Buenos Aires. Duraron casi dos horas y media cada uno e hicieron estallar el bar Niceto Club. El trío recorrió toda su discografía y presentó su último trabajo de estudio, Beat the Devil's Tattoo. Hoy se presentarán en Chile en el Teatro La Cúpula y el sábado en el Maquinaria Festival.




Leé la nota completa en brmcenespanol.blogspot.com

jueves, 29 de septiembre de 2011

martes, 23 de agosto de 2011

George Harrison: Living in the Material World

El creador de Here comes the sun tiene su propia película de la mano del director cinematográfico Martin Scorsese: "Legendario, silencioso, desconocido y visionario", así es definido George Harrison en el trailer de Living in the material world que se dio a conocer hoy en la página oficial del músico, y, donde bajo el lema de que hay una historia todavía por contar muestra una recopilación de shows, videoclips y testimonios del ex Beatle.

El film que será presentado en el Festival de Cine de San Sebastian y que se estrenará el 5 y 6 de octubre en el canal HBO cuenta con testimonios de Ringo Starr, Paul McCartney, Eric Clapton, Tom Petty y Yoko Ono quienes acompañados de un buen trabajo de archivo y material inédito recorrerán la vida y obra del ex integrante del cuarteto de Liverpool.




sábado, 6 de agosto de 2011

Entrevista al actor y director teatral de Cómicos 5: Peto Menahem


"No me hago cargo de cuando dicen que soy genial o soy horrible"

 La humildad de un virtuoso que la remó mucho para llegar a donde está. El cómico detrás de una taza de café, distinto a lo que es detrás de un micrófono, cuenta que su profesión  no es algo especial y remarca su necesidad de recordar cómo en una época el actor era un lacayo que hacía monerías a cambio de las sobras. 




En la esquina de un moderno bar un hombre se oculta detrás de un diario abierto. Desde la puerta de entrada solo se pueden ver un par de manos pequeñas sujetando el Página/12 de este frío martes en la Ciudad de Buenos Aires. Al ruido de una puerta abriéndose, su cabellera canosa y sus ojos celestes detrás del cristal de un par de lentes se asoman por encima del periódico. Se trata del actor Peto Menahem, a quien ni el ruido del tráfico que entra por la ventana de la cantina de al lado de la radio Metro, la fuerte música o los ruidos de una cafetera que evitan que su voz se escuche logran interrumpir su profundo estado de tranquilidad.
   Rodeado de cuadros de la artista Alicia D’Angélica, Gustavo Ariel Peto Menahem recuerda sus comienzos como actor: “La remé mucho y la sigo remando; quizá de otra manera, ando en otro bote pero no hay más que el remo”. Hubo un momento de su vida en el que el cómico, confiesa, la pasó muy mal: “No sabía qué hacer ni cómo hacer”.
-¿Dudaste en algún momento de querer continuar dedicandote a la actuación?
-Nunca. Sí dudé de si iba a poder vivir de esto. Laburé muchísimo de un montón de otras cosas durante años y saqué cosas buenas de eso.
   Peto no se cree diferente a las demás personas por su oficio, no se considera “una figura pública” y, por sobre todas las cosas, no cree que “ser actor sea algo muy especial”.
-¿Qué es ser actor?
-Es un trabajo que en una época era bastante desagradable. Y a veces lo sigue siendo; un actor no es solo lo que brilla en la televisión. La mayoría de los actores no tiene trabajo constante. Uno no tiene una credencial que lo haga especial. En una época el actor era considerado un lacayo total que iba por los reinos haciendo sus monerías y le daban lo que sobraba en la cocina.
   Además de mostrarse como una persona totalmente distinta a la que se puede oír en su columna del programa radial Metro y Medio, en la que su eufórico personaje señala de manera rápida y con una voz fuerte claves sacadas de un manual de antiayuda ; y más parecido a aquel que protagonizó en la película Juntos para siempre con las actrices Florencia Peña y Malena Solda, donde interpreta a un guionista desconectado de la realidad, Peto sonríe al final de cada oración y asiente a todo lo que le dicen. A la hora de opinar acerca de esta “desconexión necesaria” alerta que hay que tener cuidado: “No se puede estar hiper sensible todo el tiempo pero hay que tratar de ir por la vida sin lastimar a los que te rodean”, cuenta, mientras acomoda los objetos de la mesa que se le atraviesan para llegar a su taza de café, lo que pareciera ser su mensaje a compartir.
-¿Cómo te manejas con el ego?
-Yo debo tener mucho ego pero lo mantengo bastante a raya. No estoy de acuerdo con que para estar en el medio hay que tener mucho ego; solo es una manera. No soy una figura pública; soy actor. Y no creo que sea muy especial, es un trabajo más. Puede que eso se venda pero yo no compro eso. Creo que tengo ego y a veces lo uso de más pero trato de combatirlo mucho.
-En una entrevista dijiste que la mayor parte del tiempo te gustaría ser alguien que nos sos…
-(Su risa interrumpe) Sí, es cierto.
-¿Esto se relaciona a que sos actor?
-Quizá. Nunca lo había pensado. No soy de estar muy satisfecho con cómo soy; me gustaría ser otro. Hay otra gente que me gusta más. Me gustaría ser como cualquiera más alto. Me gustaría ser alguien que tuviera mucha más disciplina para trabajar, que sea más riguroso, menos ambicioso y más calmado. Uno valora mucho las virtudes de los demás y me gustaría ser ése que tiene las virtudes que admiro de los demás.
  Los ojos de Menahem miran por la ventana y va cayendo como en el recorrido de la reflexión: va a enumerar aquello que reconoce bueno en él pero asegura que además de ser virtudes éstos son defectos. “Si bien soy muy ansioso también soy muy paciente; muy en el fondo de mí tengo mucha confianza; me permito dudar de todo con lo que he ido limpiándome de miedos. A veces, pienso si de verdad soy creativo. Y, sobre todo, no me tomo nada en serio”.
-¿Quiénes son tus ídolos?
-Mis referentes son muchos: Los Beatles y, no solamente por su música sino, por su humor. Jorge Luis Borges, Groucho Marx, Frank Zappa, Bugs Bunny y El Pato Lucas. Todos me han marcado mucho. Pero me pasa que ellos eran mis ídolos de cuando era pendejo y una vez que crecí ya dejó de importarme querer conocerlos; como a los Beatles, de quienes yo era fanático. Son una referencia; me gusta lo que han hecho y no tengo intención de conocerlos. Ya conozco gente buena y linda con la que me gusta estar; el resto, bienvenidos sean y sino, no importa. Lo que me importa es su obra.
  Entre estas personas que ya conoce hay alguien a quien no deja de nombrar. Su compañero de elenco en las, ahora, cinco temporadas de Cómicos y, también, la razón por la cual está en la radio: su amigo, Sebastián Wainraich. Lo cita a la hora de hablar de críticas de gente que le importa, de gente con la que es feliz trabajando, gente que le va a decir lo que piensa porque, al igual que el resto de sus colegas en Cómico y Metro y medio, “son muy crueles y no perdonan una”.
-¿Cómo recibís la crítica del público?
-Me gusta ver la reacción de la gente a la hora de ver una película o una obra mía. Me gusta que se rían. Las malas críticas no me preocupan; me interesan más las críticas de determinada gente: mis amigos. Me interesa mucho la crítica de la gente en quien confío por su criterio. No me hago cargo de cuando dicen que soy genial o soy horrible. Es algo que les pasa a los demás.
-Una vez dijiste que el escenario es un arma y tiene su poder…
-El escenario siempre se apodera de mí mientras dura la función. Después, no. Es un arma en el sentido que te da el poder de que la gente te escuche lo que estás diciendo y hay que tener cuidado con lo que se dice; ser responsable. Y no me refiero al mensaje sino a que hay que hacerlo de la mejor manera y con amor.
-Has hecho teatro, cine, televisión, escribiste un libro y estás en la radio, ¿hay algo que te gustaría hacer?
-Me gustaría formar una banda. El año pasado empezamos a tocar un poco pero se complicó, y ahora me gustaría encontrar el espacio para tocar. Somos todos amigos y ellos son de esos amigos chotos que si no les gusta algo y creen que es una cagada te lo van a decir. Ellos son músicos profesionales grosos que tocan hace mucho. Yo no. Hace mucho que toco la guitarra pero mal.
    Junto con los cómicos Martín Rocco, Daniel Breitman y Sebastián Wainraich, presentan desde el  jueves 1 de septiembre en la sala Pablo Neruda del Paseo la Plaza la quinta temporada de Cómicos.  
 -¿Qué es Cómicos para vos?
- Creo que Cómicos se volvió más un grupo de humor que de stand up y me gusta mucho trabajar con esas tres personas; me gusta lo que se genera cuando estamos los cuatro juntos arriba y abajo del escenario: me provoca alegría actuar junto a ellos. Si no fuera así no lo haría.
   Con la llegada del espectáculo Cómicos 5, Peto Menahem asegura que seguirán hasta que se acabe o cambie, como pasó cuando se integró Daniel Breitman tras la ida de Diego Reinhold: “Seguimos felices y creo que con calidad”.